Ética contra Estética

La ética y la estética son hoy dos disciplinas académicas que discurren por separado. Nos parecen asimismo dos modos de conocimiento y juicio cuyos criterios no se encuentran, sino que apuntan a fines distintos. Una cosa es el bien y otra la belleza. El bien se nos presenta cargado de exigencias normativas, mientras que la belleza se expresa con la soltura de lo subjetivo y ajeno a coacciones. La ética -en palabras de Amelia Valcárcel- «es adusta, severa y hasta algo ñoña». La estética, por el contrario, significa «la creatividad, la ironía y la gracia». El pensamiento filosófico ha aventurado en ocasiones la unidad de lo bueno y lo bello. Así fue con los griegos. Otras veces, la filosofía se ha complacido en el distanciamiento entre una y otra idea.

La autora de este libro toma como punto de arranque el célebre aforismo del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein: «La ética y la estética son la misma cosa». A partir de ahí va recorriendo todos los posibles hitos marcados por la filosofía, que le permiten apreciar la convergencia o la divergencia de ambos mundos, el ético y el estético. Aunque las formas y aspiraciones de cada uno de ellos son distintas, uno y otro pretenden dar cuenta de «la talla verdadera de la humanidad», y ese fin es el que debería alentar el pensamiento que está entrando en el tercer milenio.

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