La igualdad fue un ideal alegremente defendido y reivindicado por los filósofos modernos que desatendieron explícitamente a las mujeres, a los esclavos, a los pobres y a todos los parias de este mundo. Amelia Valcárcel teme, con fundamento, que esa alegría en la proclamación de un derecho, repetidamente violado o encubierto por la realidad, siga siendo una constante de nuestra época. Hablar de la igualdad hoy da miedo. Se temen más sus efectos perversos que sus beneficios, o no se sabe por dónde abordarla, desde que los movimientos sociales del XIX y principios del xx fracasaron o han quedado encallados como proyecto político. La pregunta que subyace a este libro es: ¿significa algo la libertad para todos cuando no hay igualdad? Nadie pone en duda que el sentimiento igualitarista existe y es ya irrenunciable. Pero choca con la jerarquía que exigen nuestras formas de vida y las organizaciones que las mantienen. Una jerarquía que se conserva y se potencia porque es útil y que sirve de tapadera al vacío discursivo sobre la igualdad. La igualdad se da por supuesta, independientemente de que las desigualdades se desarrollen y crezcan. El libro de Amelia Valcárcel analiza y reflexiona inteligente y provocativamente sobre el olvido, la ignorancia o el temor a la igualdad, injustificable desde una perspectiva ético-política válida para este fin de siglo. Sin que el feminismo sea el tema del libro, está claro que es mayormente desde la experiencia feminista desde donde su autora entiende y se enfrenta al déficit, teórico y práctico, de igualdad.